{"id":741,"date":"2010-02-10T00:27:05","date_gmt":"2010-02-09T22:27:05","guid":{"rendered":"http:\/\/matematicas.jesussoto.es\/?p=741"},"modified":"2010-02-10T00:27:05","modified_gmt":"2010-02-09T22:27:05","slug":"la-garra-del-leon-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pimedios.jesussoto.es\/?p=741","title":{"rendered":"La garra del le\u00f3n (VI)"},"content":{"rendered":"<p>Por&nbsp; <a href=\"http:\/\/blogs.clarin.com\/mdossantos\/posts\"><strong>Marcelo  Dos  Santos<\/strong><\/a><\/p>\n<h4><em>Ex ungue leonis<\/em><\/h4>\n<p>En 1696, Johann Bernoulli plante&oacute; ante los matem&aacute;ticos de la Royal Society dos abtrusos problemas matem&aacute;ticos. M&aacute;s que de un pedido de colaboraci&oacute;n entre cient&iacute;ficos, se trat&oacute; de una especie de concurso: Johann ofreci&oacute; como premio, a quien fuese capaz de dar las soluciones de ambos, un libro cient&iacute;fico de su biblioteca personal. Bernoulli sab&iacute;a que muchos de los miembros de la Sociedad ambicionaban el ejemplar, que a la saz&oacute;n era car&iacute;simo: costaba nada m&aacute;s ni nada menos que cuatro chelines, toda una fortuna para la &eacute;poca. Aunque la mayor parte de los miembros de la Royal Society eran genios absolutos, su excelencia cient&iacute;fica no los hab&iacute;a hecho ricos, y ninguno de ellos dispon&iacute;a de peculio suficiente para comprarlo, ni siquiera los que ostentaban t&iacute;tulos de Sir o Lord.<\/p>\n<p>Bernoulli sab&iacute;a que, con el aliciente del libro, todos pondr&iacute;an manos a la obra con ah&iacute;nco y tenacidad. Estableci&oacute; un plazo m&aacute;ximo de seis meses para presentar las soluciones, y se puso a esperar.<\/p>\n<p>Entre los participantes del certamen se encontraban: Robert Hooke, matem&aacute;tico y descubridor de la c&eacute;lula; Sir Edmond Halley, f&iacute;sico, matem&aacute;tico y astr&oacute;nomo, descubridor de la periodicidad de los cometas, que encontr&oacute; estudiando al que hoy lleva su nombre; Gottfried Leibniz, coinventor, junto con Newton, del c&aacute;lculo infinitesimal (lo desarrollaron independientemente y sin colaborar entre s&iacute;: la diferencia estuvo en que Leibniz lo public&oacute; de inmediato y Newton no lo hizo hasta mucho despu&eacute;s), Sir Christopher Wren, Christiaan Huygens y otras figuras de similar talento. Por causas no muy bien establecidas, Newton no estaba presente en el lanzamiento del desaf&iacute;o y no se enter&oacute; del concurso en ese momento.<\/p>\n<p>Bernoulli esper&oacute; y esper&oacute;&#8230; Esper&oacute; y esper&oacute;.<\/p>\n<p>Esper&oacute;.<\/p>\n<p>Los seis meses transcurrieron, y s&oacute;lo Leibniz hab&iacute;a encontrado la soluci&oacute;n a uno de los dos problemas. Como las bases dec&iacute;an que el ganador deb&iacute;a resolver ambos, Bernoulli extendi&oacute; el plazo por seis meses m&aacute;s, en la esperanza de que alguien consiguiera la soluci&oacute;n al segundo.<\/p>\n<p>El a&ntilde;o transcurri&oacute;, y nadie pudo mejorar la soluci&oacute;n de Leibniz al primer problema y mucho menos resolver el segundo.<\/p>\n<p>Molesto por su fracaso, Leibniz sugiri&oacute; a Bernoulli que se solicitara el auxilio de Newton. Johann comision&oacute; entonces a Halley &mdash;muy amigo de Newton&mdash; para que le entregara los dos problemas.<\/p>\n<p>El 29 de enero de 1697 Halley visit&oacute; a Newton. Recuerda con asombro la entrevista con Newton, su distracci&oacute;n extrema y su falta de concentraci&oacute;n en estos t&eacute;rminos: &quot;Llegu&eacute; a su casa a las dos de la tarde. &Eacute;l estaba encerrado en su estudio, y la servidumbre ten&iacute;a estrictas &oacute;rdenes de no molestarlo ni abrir la puerta por ning&uacute;n motivo. Por lo tanto, me sent&eacute; afuera a esperar que saliera. Rato despu&eacute;s, el ama de llaves trajo el almuerzo de Newton en una bandeja, y lo dej&oacute; en el piso, frente a la puerta. Las horas pasaron. A las seis de la tarde, yo sent&iacute;a un hambre atroz, y me atrev&iacute; a devorar el pollo de la bandeja. Cuando Newton por fin abri&oacute; la puerta, mir&oacute; los huesos del pollo en la bandeja, me mir&oacute; a m&iacute; y exclam&oacute;: &mdash;&iexcl;Qu&eacute; distra&iacute;do soy! &iexcl;Pens&eacute; que no hab&iacute;a comido!&quot;.<\/p>\n<p>Halley explic&oacute; a Newton la situaci&oacute;n y le entreg&oacute; la carta de Bernoulli conteniendo los dos problemas. Newton dej&oacute; la carta sobre un escritorio y despidi&oacute; r&aacute;pidamente a Halley, explicando que &quot;luego echar&iacute;a una ojeada a los problemas&quot;.<\/p>\n<p>Los dos problemas que hab&iacute;an tenido ocupados a todos los miembros de la Royal Society durante m&aacute;s de un a&ntilde;o, en los cuales hab&iacute;an fracasado matem&aacute;ticos del calibre de L&acute;H&ocirc;pital, David Gregory y Varignon, los dos problemas de los cuales Leibniz s&oacute;lo hab&iacute;a encontrado una tortuosa soluci&oacute;n para uno de ellos, fueron resueltos por Newton en diez horas.<\/p>\n<p>A las cuatro de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente los ten&iacute;a listos, y a las ocho envi&oacute; sus soluciones en una carta sin firma al presidente de la Royal Society. Sus desarrollos eran tan perfectos y elegantes, que las soluciones de Newton fueron publicadas &mdash;tambi&eacute;n en forma an&oacute;nima&mdash; en el n&uacute;mero de febrero de 1697 de Philosophical Transactions. Newton hab&iacute;a resuelto en una noche dos problemas que a cualquier otro matem&aacute;tico le hubiesen llevado la vida entera.<\/p>\n<p>Bernoulli, impresionado por la elegancia de las soluciones de Newton, no tuvo dificultad en identificar al autor: &quot;Es Newton&quot;, afirm&oacute;. &quot;&iquest;C&oacute;mo lo sabe?&quot;, le preguntaron. &quot;Porque reconozco las garras del le&oacute;n (Ex ungue leonis)&quot;.<\/p>\n<p>Hay quien dice que tanto Johann como su hermano Jacob Bernoulli consiguieron resolver el primero de los dos problemas, de modo que s&oacute;lo Newton, Leibniz y los dos Bernoulli encontraron una soluci&oacute;n. No me sorprende, porque est&aacute; demostrado que ellos eran las cuatro &uacute;nicas personas que pod&iacute;an manejar, en la d&eacute;cada de 1690, las complejidades y sutilezas del c&aacute;lculo integral y diferencial, imprescindibles para la soluci&oacute;n del primer problema.<\/p>\n<p>La soluci&oacute;n de Leibniz era muy trabajosa. La de Johann Bernoulli era bastante elegante pero muy particular. La de su hermano mayor Jacob era ripiosa y avanzaba con dificultad, muy elaborada y aburrid&iacute;sima, pero m&aacute;s general que la de Johann.<\/p>\n<p>Creo que, a esta altura, huelga decir que la de Newton es la mejor, incluso hoy en d&iacute;a. Breve, simple, elegante, entretenida y general, nadie ha podido superarla.<\/p>\n<p>El segundo problema, por su parte, derrot&oacute; a todos, salvo, por supuesto, a las garras del le&oacute;n.<\/p>\n<h3>Enlaces de inter&eacute;s:<\/h3>\n<ul>\n<li><a href=\"http:\/\/axxon.com.ar\/rev\/127\/c-127Divulgacion.htm\">La garra del le&oacute;n<\/a>, Marcelo Dos Santos<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por&nbsp; Marcelo Dos Santos Ex ungue leonis En 1696, Johann Bernoulli plante&oacute; ante los matem&aacute;ticos de la Royal Society dos abtrusos problemas matem&aacute;ticos. 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